Tolerando el malestar

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En escritos anteriores se había hablado acerca de la inteligencia emocional y de ciertas características que se podrían desarrollar para mejorar muchos aspectos en la vida de las personas y en las situaciones que se presentan cotidianamente.

Es importante resaltar que a nadie le gusta estar inmerso en situaciones que le ocasionen algún tipo de dolor o malestar emocional por esto trataremos un tema llamado tolerancia al malestar.

Podemos definir tolerancia al malestar como aquella capacidad de aceptar el malestar emocional sin emitir juicios de valor, ni a uno mismo, ni a la situación actual; es la capacidad de percibir la situación o el ambiente que se está viviendo sin querer cambiar lo que se siente, experimentar el estado emocional actual sin intentar cambiarlo.

Por ejemplo: viste a tu ex pareja con otra persona cogidos de la mano, o quizás pasaste a exponer y se te olvido toda la información, te golpeaste con un letrero en la calle y todos se dieron cuenta, se te rompió la media cuando ibas en el Transmilenio, tienes un ser querido enfermo, o te sientes mal, cansado, quizás agobiado por tantas cosas que le suceden a los seres humanos.

Para, date un respiro, y mientras lo haces intenta observar los pensamientos y acciones que llevas a cabo sin intentar controlarlos o  detenerlos. No intentes evitarlos con acciones tales como escuchar música, cogerte el cabello, comerte las uñas, irte del lugar, taparte la cara, entre otras, puesto que el dolor y el malestar  son parte de la vida, no pueden ser evitados o eliminados por completo.

La tolerancia al malestar  es parte del cambio de uno mismo y es parte de lo que llamamos “madurez”. En ocasiones el temor te hace dedicar tu vida a intentar suprimir el dolor emocional o evitar el contacto con todo aquello que se relacione con las causas de dicho dolor.

Por ahora solo puedo decirte que hay un Jesús que te ama y te ha regalado esto,  “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” juan 14:27.

Hasta una próxima oportunidad.

 

Karen Daniela Hernández

Psicóloga universidad católica de Colombia