¡Déjame decirte… lo que debes guardar!

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"Consejería para jóvenes de edad y para jóvenes de espíritu"

Podría asegurar que a ti también te ha pasado, “guardar algo tan bien, que olvidas en qué lugar lo pusiste” Buscar desesperadamente, hasta llegar a pensar en algún momento, que perdiste aquella cosa que creías haber guardado y que sencillamente ya no hallas. También pierdes objetos por una situación contraria, dejarlos sueltos en cualquier lugar. ¡Déjame decirte lo que debes guardar!

Hace unos meses me ocurrió algo particular, perdí mi argolla de matrimonio. “Al parecer la  había guardado entre un bolsillo, tras habérmela quitado por hacer una actividad manual, y esta había resbalado estando en la calle, cuando  salí corriendo para ir al encuentro de una amiga, que llegaría cerca a mi casa para visitarme”. Esa fue mi conclusión el día siguiente, cuando miré mi mano y extrañé tener la argolla puesta. Fueron más de cuatro meses lamentando no haber guardado la argolla en un lugar seguro. De pronto una tarde, antes de salir con mi esposo a una celebración especial, él entró a nuestra habitación diciendo: “¡No te imaginas lo que encontré, tu argolla!” No podía creerlo, la argolla había estado guardada por meses en un cajón del cuarto de estudio y yo no recordaba por ningún motivo, haberla puesto allí.

¿Quién no ha perdido las llaves, el dinero y hasta la billetera o el bolso, estando en su propia casa? Se supone que en nuestro hogar hay lugares estratégicos para ubicar o guardar  cada cosa. Tenemos lugares específicos para poner las herramientas, los documentos, las medicinas, los lápices… etc; sin embargo seguimos perdiendo nuestros objetos en casa.

Hay otro tipo de objetos que muchos guardamos con recelo y que no dejamos por ahí a la vista de todos. Son aquellas fotos, cartas o tarjetas especiales, que recibimos alguna vez y que tienen un significado sentimental, algo que consideramos privado y muy nuestro, recuerdos que nos evocan momentos únicos en la mente.

Pues bien, además de que la recomendación a cada cual, sería: “cada cosa en su lugar”, ¡déjame decirte lo que debes guardar! Te sonará algo cliché, pero es necesario que guardes tu corazón.

Cuando se habla de “guardar el corazón” no es acerca del órgano central de la circulación de la sangre, sino haciendo referencia  a los sentimientos, la mente, las emociones, los pensamientos, las ideas. Entonces, así como guardamos cuidadosamente los objetos de valor personal, ¡déjame decirte que necesitas guardar tu corazón en Dios! No lo expongas a todo tipo de tristezas, decepciones, amarguras, ira, resentimiento; porque del estado de tu corazón; es decir, del estado de tu mente, depende tu diario vivir, tu actitud frente a la vida, tu estado espiritual… y claro, tu salvación.

 

¿Cómo guardar tu corazón?

-Desecha relaciones con personas no temerosas de Dios, ni conocedoras de su Palabra; porque aunque puedan tener buenos planes contigo, su corazón no es guiado por el Espíritu Santo y puedes terminar engañado o lastimado, o en el peor de los casos pecando contra Dios. Además, incluso siendo la pareja cristiana, se corre el riesgo de lastimarse mutuamente. El consejo en cualquiera de los dos casos es parar la relación y alejarse; pedir la guía de Dios, que él re direccione la relación si es su voluntad, o que termine definitivamente y Dios sane las heridas.

-Aleja tus expectativas de felicidad y plenitud basadas en las personas o las situaciones. Cuando tu felicidad o estado de ánimo son dependientes de tus amigos, familiares, trabajo, estudio o demás circunstancias, seguramente cuando algo de esto falle, te vas a derrumbar perdiendo la esperanza.

- Deja tus sueños, tus metas y los deseos de tu corazón, en las manos de Dios; pues sólo él es quien sabe lo que es mejor para ti. Si algo falla, sabrás que Dios lo permitió por sus propósitos contigo, y que así mismo, él está al control de todo y te dará nuevas posibilidades.

- No desesperes en cada situación y pon tus esperanzas en Dios, sabiendo que él hace todo en su tiempo.

- Refúgiate en Dios, lee la Biblia, canta para él, sírvele, ora, asiste a los cultos cristianos  y vuelve a empezar cada que sea necesario, poniendo tu fe en el Todopoderoso.

Déjame decirte lo que dice la biblia:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”

(Proverbios 4,23)

 

Por: Carolina Rivera

Licenciada

Humanidades e Inglés