Increíble

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No hay mayor alegría que encontrar lo que se creía perdido, que sentirse acompañado en medio de la soledad, que ver la luz en la oscuridad. Es un gozo que desborda el corazón, que se sale del pecho, que asombra la lógica. Un gozo que solo puede ser dado por Dios.

Habían pasado 3 años con Jesús, habían visto milagros sin par, cojos andar, ciegos que recibían la vista; el pan y los peces multiplicados, lo vieron andar sobre el mar. Sus enseñanzas retumbaban en su mente, y su corazón recordaba el amor. Pero había muerto.

Fue a la cruz. Ya era el tercer día y las esperanzas se habían diluido como una pizca de sal en un vaso de agua. No había nada que hacer. Unos regresaron a su casa, otros regresaron a sus trabajos. Quien había estado, ya no estaba. La luz se había apagado.

Entrada la noche, algunos intentaban conciliar el sueño y borrar de su mente la lejana visión de la cruz en el Gólgota. La puerta sonó, la algarabía no se hizo esperar. Dos de los discípulos decían que habían visto a Jesús resucitado, que se les había unido en el camino a casa, que había entrado, que había partido el pan. Está vivo.

Todos hablaban al tiempo, y en ese momento Jesús apareció. Su voz sobre pasó la voz de todos, su tono y sus dulces palabras cambiaron la atmósfera. No tengan miedo, les dijo, yo soy. Miren mis manos, miren mis pies. Poco a poco, uno a uno, se fue dando cuenta que era Jesús, el maestro, el mesías, el que había muerto, pero ahora vivía.

El corazón de cada uno se llenó de gozo. Sintieron esa alegría que da la esperanza, que dan las buenas noticias; esa alegría y ese gozo que solo pueda dar la presencia de Jesús en la vida del ser humano. Quienes lo veían estaban maravillados, el gozo era tal que les parecía increíble estar viendo al que estuvo en la cruz.

El apóstol Pablo, en su carta a los Gálatas, les dice que el gozo es el reflejo de la presencia de Dios en el corazón del ser humano. Los discípulos lo experimentaron al ver a Jesús resucitado. Hoy nosotros podemos sentir un gozo maravilloso fruto del Espíritu Santo en nuestra vida. ¿Vives el gozo que solo da Dios al corazón?

En un mundo lleno de tristeza y sin esperanza es bueno saber que el Espíritu de Dios genera en nosotros el gozo, resultado de su misma presencia en la vida, tal como lo experimentaron los discípulos al ver a Jesús resucitado.

¿Eres feliz? ¿Qué esperas para experimentar el verdadero gozo que Dios da al ser humano? Ábrele el corazón a Jesús, permite que él entre en tu vida y experimentarás un gozo que no tiene caducidad, un gozo que perdurará en tu vida sin importar las circunstancias. Es un gozo increíble.